El kínder creo que fue me las etapas mas bonitas que tuve porque pasaba más tiempo con mis papás.
La obesidad afecta a un tercio de la población, casi el triple que en 1975. Una veintena de profesionales de campos como medicina, historia, psicología y nutrición reflexiona sobre la pandemia silenciosa que nos está matando.
Tenemos una visión extremadamente simplista de esta enfermedad, estigmatizamos a todos los obesos por igual.
Lo primero que debemos hacer es ponernos en manos de profesionales, asevera, porque si aprendemos a comer bien y mantenemos la motivación con un seguimiento, llegarán los resultados. "Nos educan para vivir a dieta, aunque la obesidad es un tema que va mucho más allá de la estética. Todos nos creemos con derecho a opinar porque a una persona con sobrepeso la vemos rápidamente pero es un problema que nos está matando".
Se puede comer mal y estar delgado. Eso te puede dar una falsa sensación de estar saludable.
El índice proporciona una indicación general de qué pesados somos para nuestra altura, pero la intención nunca fue que actuase como guía sobre nuestro estado de salud individual.
Las clasificaciones estándar de los médicos consideran que un "peso normal" está entre un IMC de entre 18,5 y 25; y que alguien es "obeso" cuando tiene un IMC de 30 o más.
Pero según esta medida, acaban clasificando como personas obesas a musculosos atletas.
Los aparatos para medir la grasa corporal se han popularizado recientemente como forma alternativa de medir la gordura.
Estos aparatos miden la conductividad eléctrica del cuerpo y, junto con otros factores como el peso, la altura y el género, estiman qué porcentaje del cuerpo está formado de grasa.
Los médicos recomiendan que las mujeres tengan un porcentaje de grasa corporal por debajo del 35%, y los hombres por debajo del 25%.
Pero los medidores de grasa no solo adolecen de imprecisión, sino que no toman en consideración dónde se sitúa la grasa, lo cual marca una gran diferencia para la salud.
La grasa que se acumula alrededor de los órganos, en el vientre, puede ser muy perjudicial para la salud, mientras que la grasa en las caderas, el trasero u otros lugares es mucho menos peligrosa.
"Puede sonar inconsistente, y ser sorprendente, que la gente puede estar sana y gorda al mismo tiempo",
"Pero se trata de no obsesionarse tanto con el peso, sino con el estado físico, y hacer ejercicio".
Así que, ¿cómo podemos comprobar si nos estamos volviendo menos sanos? Primero, no te fíes de lo que ves en el espejo: sal fuera y ejercítate.
Todas las mujeres estamos hablando constantemente del peso y empecé a preguntarme porqué nos importaba tanto cuando no era un problema de salud, es simplemente porque hay que tener una determinada medida que viene impuesta por una serie de factores como la publicidad o la moda.
Esa imposición acerca de los cánones de belleza y la delgadez es lo que ha hecho que se excluya o se menosprecie a las personas que no encajan, personas gordas. Y eso ha convertido el adjetivo 'gordo' en un insulto fácil. El atributo peyorativo que se le ha asignado ha llevado a que los discursos mediáticos tradicionales eviten la palabra 'gordo' o 'gorda', para reemplazarla por ciertos eufemismos, anglicismos, perífrasis o diminutivos. Es ahí donde aparecen expresiones como 'mujeres de talla grande', 'kilos de más' o 'regordeta'. «También se habla de 'mujeres reales' o 'cuerpos reales', es muy gracioso porque parece que hubiera mujeres irreales».
Ese tipo de calificativos ha nacido para no herir la sensibilidad de las mujeres, que han asumido que estar gorda te excluye de la sociedad y por ello hay que evitarlo a toda costa, en ocasiones, arriesgando la propia salud, pero con un fin muy claro, ser como las mujeres que se muestran en los medios, el mundo de la moda o la publicidad.
Pero para contrarrestar esta posición de negación, que le da más poder al adjetivo 'gordo' o 'gorda' como insulto, nacieron importantes movimientos feministas en los años 60 en Estados Unidos y que aparecieron en España en 2012. Este pensamiento o ideología reclama el uso de esta palabra con el fin de dejar de calificar la gordura como lo peor que le puede ocurrir a una mujer. «Una mujer igual que es alta o baja, rubia o morena, pues también es gorda. Si nos apropiamos de la palabra y la usamos normalmente pierde el sentido como insulto».
Desde el sistema se les oprime mediante el acceso a transporte y espacios públicos, y falta de oportunidades de movimiento. Se les tilda de poco deportistas y perezosos, pero pocos son los gimnasios o centros deportivos para que personas con mucho peso puedan hacer deporte. En el ámbito científico y sanitario se habla más de “sesgo de peso” o “estigma de peso” que es esa inclinación para hacer juicios de valor hacia la persona únicamente sobre la base de su peso.
El estigma de peso, además, crea estereotipos, y da por hecho que las personas con cuerpos más grandes no comen de forma saludable, no hacen deporte, están deprimidos, son torpes y descuidados y no tiene voluntad ninguna. ¿Alguna cosa más? Sí, se me olvidaba, cualquier enfermedad que padezcan es achacable a su peso. Como si los delgados no enfermáramos y la delgadez nos protegiera de enfermedades.
La gordofobia, además, genera vergüenza corporal. Los cánones estéticos han hecho que solo exista un modelo de cuerpo posible. De tal manera que, en la medida que nos alejamos de él, la valía de nuestro cuerpo disminuye. En especial sobre nosotras, las mujeres, la presión que recibe una mujer gorda sobre su cuerpo, es mayor que la que recibe un hombre gordo, y a su vez la que recibe una mujer gorda blanca es menor a la que recibe una mujer gorda negra. Y así podremos ir sumando diferentes factores como sexualidad, etnia, etc.
El capitalismo y heteropatriarcado se dan la mano para someter nuestros físicos bajo la presión estética. A un hombre también se le exige un tipo de cuerpo y/o masculinidad pero mientras ellos son sujetos de poder nosotras somos objetos de deseo.
Las personas gordas no tienen referentes ni en los medios de comunicación ni en las producciones audiovisuales y esto provoca que las niñas y niños con cuerpos gordos crezcan pensando que su cuerpo está mal. “Al hacer esa asociación y ver nuestro cuerpo desde la negatividad, nos convencemos de que hay que modificarlo, pero lo hacemos desde el odio y el maltrato”.
Vivimos en una sociedad gordófoba y se ve en los productos que consumimos. La publicidad se enfoca en mostrar a personas delgadas, en las películas lo mismo y cuando aparece una persona gorda solo hace de gorda, no aporta nada más.
Lamentablemente la gente gorda es casi invisible en las producciones culturales y las pocas veces que aparecen lo hacen de la mano de la risa y la humillación.
En esta etapa de mi vida fue muy bonita porque mis papás me dejaban mucho tiempo con mi abuela ya que ellos trabajaban mucho y no tenían t...